Primera noche en Heidelberg, Alemania.

Hoy fue un dia largo. Salimos de nuestra casa a las 10 de la mañana, paramos a comer un pincho en un bar de carretera de Guitiriz y luego a esperar al avión que saliera de Santiago a las 16:00h, llegamos a Frankfurt Hahn a las 18:20h puntuales, pasamos a recoger el coche de alquiler sin ningún imprevisto y 1h y 50min de coche hasta nuestro destino, el hotel Leonardo Heidelberg, justo a la entrada del pueblo. Hicimos el check in y en menos de un cuarto de hora ya estabamos cogiendo el coche nuevamente para ir al centro, pusimos en el gps el puente viejo y de la que íbamos ya nos parecía que apenas habia movimiento de gente, decidimos volver al hotel para aprovechar el día siguiente pero por casualidad nos equivocamos de calle y aparecieron un montón de luces, era el mercado navideño, súper bonito.
Aparcamos el coche nada más que pudimos y fuimos hasta el mercadillo que ya estaba cerrando pero nos dio tiempo a sacar un par de fotos y comprarnos el típico bocata de salchicha para cenar. Caminamos por la calle iluminada hasta llegar a un restaurante donde se veía mucho ambiente, el Palmbräu Gasse, donde solamente nos pedimos un par de cervezas de medio litro, las dos diferentes, una mucho más suave que la otra, pero ambas muy ricas. El restaurante estaba lleno y sobre todo, a parte de la decoración con esquis colgados del techo, fue un codillo que se estaba zampando el de la mesa de al lado, si volvemos otra vez ya sabemos donde ir a comer.
Salimos del local medio tajados, cuidadito con las cervezas, y no nos queriamos ir sin sacarnos una foto con las puerta del puente vieje iluminada por la noche con el castillo de fondo pero cuando estabamos llegando ya lo vimos todo cubierto porque estaba en obras, así que el día había llegado a su fín, de nuevo fuimos al coche para ir al hote.
Nos llamó la atención un local muy grande amurallado como si se tratase de un castillo, parecía que había restaurantes en su inferior, lo habiamos visto antes, justo al río, ahora ya estaba todo cerrado. En la calle, apenas eran las 23 horas y no había ni un coche. Prácticamente fuimos solos hasta el hotel. En el parking todos los coches eran tipo ranchera, vamos, que aquí lo de compacto poco se usa.

Interior Palmbräu Gasse.

Vista desde el Puente Viejo, al fondo, el Castillo de Heidelberg.

Vista desde lo alto del Castillo.

La Pirámide de Navidad, contiene una hélice en su parte superior que se propulsa, haciendo girar el carrusel, mediante las corrientes de convección térmica que genera el calor de cuatro pequeñas velas colocadas en la parte inferior.

Hotel Leonardo Heidelberg

Estrasburgo

Hoy ha tocado madrugar. El dormitorio era súper grande pero la almohada un imposible, casi no he podido pegar ojo, era como para girafas. Pero no hay dolor, a las 8 una ducha y a la calle. Fuimos hasta el centro de Heidelberg, aún no estaban del todo los puestos del mercado abiertos pero ya se palpaba ambiente. Después de dar una vuelta por la calle principal, la paralela al rio, entramos en un local para tomarnos el desayuno. Luego, subimos caminando la súper cuesta del Castillo, desde donde pudimos ver la panorámica del pueblo, una vista muy bonita, aún quedaban restos de la niebla. No entramos porque había que pagar 7€  y no nos apetecía seguir subiendo, luego incluía bajar en el funicular, al menos eso entendimos.(Luego hemos leído que era gratis, lo que cuesta es el funicular). Con cuidado, bajamos de nuevo y cruzamos hasta el otro lado del río para así poderlo ver desde la otra perspectiva.

Un último paseo y pusimos rumbo a Estrasburgo. Sobre la 1 estabamos aparcados de chiripa justo en uno de los accesos a las calles decoradas, muy cerca de la Catedral. Solo había un inconveniente, ir al coche cada dos horas  a poner el tiquet. En un minutos estabamos bajo esa gigantesca Catedral, abrigada por los puestitos de Navidad. La bordeamos para ir a la petit France, cada calle nos parecía más bonit, un trabajo muy meticuloso en las fachadas con la decoración. 
Habíamos reservado en un restaurante con la aplicación de El Tenedor, hicimos caso al gps y nos colamos en un local. Simplemente tuvimos que decir que teniamos una reserva para dos y pasamos dejando a la puerta a un montón de clientes. Nos habíamos desorientado con el gps y cuanto nos damos cuenta, estamos en el mismísimo centro, en el restaurante más fotografiado de todo Estrasburgo, el de los ositos por toda la fachada. Nos pedimos un par de codillos a la cerveza, no podían estar más ricos. Pedimos la cuenta enseñando nuestro bono, no les pareció muy bien, vuelve el camarero a decirnos que en fechas navideñas que no es válido, nosotros insistimos, se lleva el movil con el bono...y resulta que nos habíamos equivocado de local, con la suerte que el otro restaurante también era de ellos y nos hicieron igualmente un 10% de dto como detalle, menos da una piedra. El caso es que, sin querer, hemos comido en uno de los restaurantes más famosos, por cierto que toda la comida que sacaban tenía muy buena pinta.

Salimos para recorrer cada rincón de esta zona de la ciudad, se veía delimitada perfectamente la zona turística porque como nos salieramos del perimetro la afluencia de gente disminuía notablemente.
Lo típico, probamos el vino caliente, el tinto, la verdad que no me ha gustado nada, eso sí, para entrar en calor sirve.
Miramos un montón de figuritas decorativas para el árbol de navidad, este año toca renovar.
Y nos compramos un par de dulces para llevarnos al hotel por si nos apetecía algo ya que lo de cenar después del codillo como que no procedía.
En cada rincón un mercadillo, con puestos súper bonitos, de figuritas, árboles , con dulces, de compras navideñas como los bolsos o los gorros y guantes, menaje de todo tipo, y sobre todo mucha artesanía de todo lo que os podéis imaginar.
Sobre las 20:00h ya estaban cerrando casi todos así que fuismos camino del coche para ir al hotel.
Nuestra sorpresa cuando entramos en la habitacion 512 del hotel la Residence Jean-Sebastien Bach y nos encontramos con un apartamente en toda regla, un hall con su gran armario empotrado y una puerta con el inodoro, un salón cocina, luego estaba el dormitorio con su baño completo con bañera y plato de ducha. No sabemos sinceramente si esta era nuetra reserva o no bien que lo aprovechamos.

Catedral de Estrasburgo

Restaurante en el que hemos comido decorado con ositos.

Los codillos, riquísimos.

La Petite Venice, sin duda es el enclave más visitado de la ciudad de Estrasburgo, esta zona que forma parte de "Grande île", la isla formada por la canalización del río ille.

Residence Joan Sebastien Bach Estrasburgo.

Colmar y Eguisheim

Llegó la hora de comer e hicimos el recorrido a la inversa. En cuanto nos sentamos en el restaurante no parecía muy apetecible, una decoración un tanto peculiar pero pronto legó la dueña, una chica encantadora que se esmeraba en descifrarnos las carta. Al lado había tres chicas españolas y una par de mesas más con familias. Pedimos un par de platos sin mucha expectativa pero nuestra sorpresa fue al probar el primer bocado, que bueno estaba. El Sahmeran, un turco chapó a la entrada del centro de Colmar.

Hacía mucho frío y después de estar calentitos parecía estarlo más pero todo pasaba con ese cuento que estabamos viviendo. Paseamos hasta la Petit Venecia que por la mañana no habíamos llegado, increíble, si cabe, más bonito que lo anterior. Casas que tal parecían de chocolate a orillas de los pequeños canales, barcas con turistas por el agua, un montón de restaurantes y tiendas con figuritas navideñas, otras con dulces tipicos de las fechas, nos llamó mucho la atención los turrones tan grandes que había, que hasta se tenían que subir en un taburete para cortarlo con todo el peso del cuerpo sobre la sierra. Las tiendas de quesos y de licores son increibles. Nos intriga pensae en que será de estos locales cuando pase este mes.
No nos pudimos resistir a comprarnos otros adornitos para el árbol.

Sobre las 18:30h fuismos a por el coche, en menos de 15 min habiamos llegado a Eguisheim, el hotel estaba en la plaza que da acceso a la zona del centro. Nos acercamos con las maletas para dejarlas y salir a dar una vuelta. Nuestra sorpresa cuándo no había recepción, solamente un número en la puerta donde mandaban llamar porque el miércoles estaba cerrado, era una centralita en francés y no entendiamos nada. Fuimos a dar una vuelta por el pueblo después de llevar de nuevo las maletas al coche, que estaba en la misma plaza. Preguntamos a unos policías sin acierto porque no parecían muy dispuestos a ayudar, luego a una señora de la tienda de al lado que menos todavía.  Hasta que de la que volvíamos, encontramos a unos españoles, cosa fácil porque estaba lleno, esos sí que nos echaron una mano, nos acompañaron hasta la puerta y entre que buscabamos el teléfono de donde lo habíamos reservado, la señora apareció, por lo visto era su casa. Nos acompañó hasta la habitación, que salvo el imprevisto, menuda suerte estamos teniendo, la del bajo cubierta y más grande de todas.
Ahora si que ya estabamos tranquilos y salimos otra vez a pasear, los mercadillos ya estaban cerrando y la gente se había esfumado, apenas eran las 20:00h y algunos restaurantes ya colgaban el cartel de completo.
Los dos vimos uno que nos llamó la atención, nos acercamos, le echamos un vistazo a la carta, no tenía mala pinta así que decidimos entrar, justo llegó otra pareja. Que sitio más curioso, el techo todo de mampostería lleno de tazas de todo tipo colgadas, todas las mesas llenas, marcaba meneras. No teníamos mucha hambre, ya que solemos cenar más tarde pero no tuvimos elección, en la calle las luces ya eran muy tenues, el frío apretaba y estaba desértico. Cenamos genial, el restaurante La Cuova.

Turco en el que hemos comido. Sahmeran, en Colmar.

En la Petite Venice de Colmar

La casita más fotografiada de Eguisheim

Al fondo, nuestra casa en Eguisheim. De en cuento total.

En el mercadillo de Eguisheim.

Restaurante Neuhaus, en Eguisheim.

Interior del restaurante.

Pedazo de habitación en la Villa de Nancy, Eguisheim.

Kayserberg, Riquewhir y Obernai. Ruta de los vinos alsaciana.

Madrugamos sobre las 8 y comenzamos nuestra ruta de los vinos por Alsacia.  Salimos a recorrer Eguisheim, estaban abriendo el mercadillo navideño, fuimos directos a sacarnos la foto con la casita más fotografiada, era temprano pero ya había cola. Nos metimos por la calle de la izquierda haciendo la mitad de la circunferencia que forma el pueblo, cuando nos quisimos dar cuenta estabamos en el centro de nuevo, entramos a desayunar y nos pedimos la famosa manala con un par de cafés.  Recorrimos lo que nos quedaba y sobre las 10:30h estabamos haciendo el check out en el restaurante del hotel, justo a la entrada del pueblo.
Fuimos hasta nuestra siguiente parada, a unos 15 min en coche, Kayserberg, aparcamos por 2€ en uno de los aparcamientos. Si donde habíamos pasado la noche era precioso, este si cabe, nos llamó más la atención. El río que lo cruzaba, el ambiente, las casitas con la misma construcción, las calles empedradas... en este no había mercado pero las tiendas eran muy muy bonitas.
Luego fuimos hasta Riquewhir, donde nos costó un poco más aparcar, tanto en dinero como en tiempo, a medida que pasaban las horas se aglomeraban más coches, no nos extraña porque seguramente sea de las rutas más bonitas que hemos visitado.
Este tiene una calle principal empinada con dos puertas a cada extremo donde está la mayoría de la gente. Cuando estabamos en la salida de arriba nos saludaron, nos extrañamos, eran los que ayer nos habían acompañado a mirar que pasaba con el hotel, muy majos, estuvimos un buen rato hablando con ellos, luego aprovechamos para sacarnos fotos mutuamente.
Nos metimos por una de de las callejuelas mucho menos transitadas y encontramos un restaurante italiano escondido, bajamos unas escaleras en el que apenas había seis mesas. Pedimos un plato de carbonara, una lasaña y una jarrita de vino alsaciano, que bien hemos comido. Calentitos, aunque tuvimos mucha suerte con el tiempo, a estas alturas con sol todos los días, no podíamos pedir más, pero el frío apretaba.
Paseamos un rato más por sus calles y pronto fuismo hacia Obernai, último pueblo de hoy. Muy bonito también, más grande y transitado que los otros, sobre todo porque en este si que pasaban los coches, era más tipo villa. Aquí si que había un mercadillo con bastantes puestos alrededor de una gran torre que al atardecer se iluminó en color morado.
Entramos en un bar a tomar un par de cafés y después de dar otro paseo por el mercadillo fuimos hasta Wissenbourg, donde  pasamos la noche.

Vista desde el puente de kayserberg

Centro de Kayserberg

Decoración navideña del hotel de 5* de Kayserberg

No nos podíamos ir del pueblo sin hacer un poco el mono...

Calle principal de Riquewhir

Cada rincón de Riquewhir tiene unas casas como para comerselas.

Restaurante pizzería du Vignoble, Riquewhir.

Mercadillo Navideño de Obernai

Mas casitas bonitas en Obernai

Por la noche en Obernai con la torre iluminada detrás. Mágico.

Hotel d'Alsace en Wissenbourg.

Wissenbourg y Mainz. Regreso a casa.

Nos condecimos un poco más de sueño, una horita más porque  hoy toca viaje de vuelta.
Recogimos todo y salimos por Wissenbourg, en una boca calle nos percatamos de un cartel donde ponía escrito en una pizarrita "café" así que echamos un vistazo y entramos a desayunar. Nos sorprende la educación y el silencio de estos sitios que estamos visitando.
Nos dirijimos a la oficina de turismo para coger un mapa, 10 céntimos tuvimos que pagar, le hicimos caso del recorrido turístico que indicaba, bordeamos la iglesia de Saint-Pierre-et-Saint-Paul, la mayor iglesia gótica de Alsacia después de la catedral de Strasbourg, por sus magníficas vidrieras.
El entorno tiene un atractivo particular por el río que lo cruza. Estaban instaladas todas las casetas de madera para el mercado que iba a tener lugar el fin de semana.
También había una especie de escenarios y un belén en el centro muy logrado.
Había muy poca gente, aprovechamos para mirar que otro lugar nos quedaba de camino y nos decidimos por Mainz.
En menos de 15 minutos ya estabamos en tierras alemanas y
en poco más de hora y media estabamos aparcando en una calle empinada muy cerca de la Catedral de Maguncia, una joya de la arquitectura Romántica y uno de los principales templos católicos de Alemania.
En la histórica plaza del mercado frente a la imponente catedral de San Martín, numerosos puestos navideños, vino caliente y pasteles típicos de ésta época del año. Todo ello rodeado las agradables y coloridas casas históricas del mercado, con fachadas renacentistas.

Obviamente, es un mercado navideño alemán, con lo que no nos podíamos  marchar sin probar los típicos “Meenzer”, productos de las bodegas de Mainz y el “Dombraten”.  Además hay unas acogedoras cabañas con fuego incluido con barriles de vino que invitan a quedarse -sobretodo para subir un poco la temperatura-, donde también puedes reservar para comer, sin duda un final genial para la vista al mercado navideño de Mainz.

Al lado del coche estaba esperándonos nuestra última parada, un par de cafes con un pedazo de un riquísima tarta en un local de lo más alternativo, sillas diferentes, algunas tapizadas en terciopelo de color azulón, otras de metal, algún banco en las mesas de la entrada, decoración con tejidos florales y con pajaritos con colores llamativos. No era muy grande pero cuatro chicas lo atendían. Todas las tartas tenían una pinta buenísima y la major parte de los platos eran vegetarianos, sobre todo, la gente se estaba tomando sopas. Buen lugar para poner el broche final a nuestro viaje.



Mercado de Mainz

Patio de la Catedral de San Martín.

#nuestrosviajes10