Un poco de historia...

Ya en la Edad Media, Edimburgo comenzó siendo un pequeño fuerte que, en el siglo VII, los ingleses capturaron y le dieron el nombre de Eiden's burgh (burgh es una palabra que antiguamente significaba fuerte). No fue hasta el siglo X cuando los escoceses recuperaron esta zona de Escocia.

A finales del siglo XII, Malcolm III construyó el castillo en Castle Rock y comenzó a florecer una pequeña aldea a su alrededor. En el siglo XII ya se tiene conocimiento de Edimburgo como un burgo real, con capacidad de comerciar, un privilegio para la época. Canongate, el burgo vecino, también fue declarado como tal.

En el siglo XIV el comercio empezó a incrementarse: Edimburgo comenzó a ser conocida por sus prendas de lana, se inició la exportación de pieles gracias al puerto de Leith, el ganado se vendía en Cowgate y los cereales y el heno se intercambiaban en Grassmarket. A pesar de las continuas luchas con los ingleses (el castillo fue capturado entre 1296 y 1322 y en 1385 quemaron la catedral y el ayuntamiento), Edimburgo fue ganando privilegios y desarrollándose como ciudad. En el siglo XV se declaró capital de Escocia y el rey construyó el primer Palacio de Holyrood.

Sobre el año 1500 la población de Edimburgo rozaba las 12.000 personas, cifra que se fue incrementando rápidamente hasta las 15.000 en menos de medio siglo. Esta también fue la época en que comenzó la construcción de la Flodden Wall, la muralla que rodeaba la ciudad con la intención de protegerla de los ingleses, propósito que incumplió en diversas ocasiones. Con la muralla rodeando la ciudad y una población cada vez más elevada, la única forma de hacer crecer la ciudad era en altura. En la Royal Mile comenzaron a aparecer las primeras edificaciones de piedra (lands) de entre 5, 8 y hasta 12 alturas. Cuando estos edificios se quedaron cortos, se empezaron a construir casas de madera encima de las existentes. Además de las continuas luchas con los ingleses y las propias guerras civiles, la densidad de población de la "ciudad de los rascacielos" la convirtió en un nido de infecciones, enfermedades, incendios y plagas. A finales del siglo XVII la ciudad tenía una población de 50.000 personas.

A principios del siglo XVII, Daniel Defoe, escritor británico conocido por su novela Robinson Crusoe, escribió: "No existe otro lugar en el mundo en el que la gente esté tan apretada como en Edimburgo".

La peste, el tifus o el cólera formaban parte de una población que al grito de "¡Gardy Loo!" (Agua va), lanzaba por la ventana la basura y los excrementos. Una población que utilizaba el Lago Norte (actuales Jardines de Princes Strees) como vertedero de aguas residuales y fuente de agua potable al mismo tiempo. Una población tan densa que, finalmente, no podía hacer nada por sobrevivir. Fue en 1767 cuando comenzó la planificación de la New Town (Ciudad Nueva). Tras un concurso público, el proyecto de grandes calles paralelas, plazas y jardines de James Craig salió elegido. La unión entre Inglaterra y Escocia, firmada en 1707, dejó de hacer necesarias las murallas.

Durante el siglo XIX, Glasgow comenzó a ganar importancia industrial en detrimento de Edimburgo. Los sectores más importantes desarrollados en la ciudad eran la imprenta y la fabricación de cervezas. Gremios como los banqueros y los abogados también estaban muy asentados. La Ciudad Nueva se terminó a principios del siglo XIX y comenzaron a llegar inmigrantes irlandeses. La población en 1850 superaba las 170.000 personas. Durante esta época se erigieron los monumentos de Calton Hill, la Galería Nacional, el Monumento a Scott y otros puntos de interés. Ya en el siglo XX se construyeron nuevos museos, centros comerciales y atracciones para el turismo, un sector que empezó a crecer de forma sorprendente a finales del siglo XX. En 1999, después de 292 años, se inauguró el nuevo Parlamento Escocés. El nuevo edificio se utiliza desde 2004.

La moneda

La libra esterlina (GBP) es la moneda oficial de Edimburgo.

Toma de contacto con la ciudad 07/10/2018

Como en casi todos las escapadas toca madrugar, hoy el despertador sonó a las 06:45h para terminar de hacer la maleta, una ducha y montar en coche hasta el aeropuerto de Santander. A las 10:45h despegamos y a las 12:00 hora local aterrizamos puntuales. Salimos de la termina y nos dirigimos hasta el autobús n°100 donde nos hicimos con un par de tikets para que nos acercara hasta Princess Street donde nos alojamos estos días en la ciudad. Nos ha costado 4,50£ por cada uno, el trayecto no llega a media hora, solamente hemos comprado la ida porque con ida y vuelta costaba el doble así que casi mejor sacarlo a la vuelta por si lo perdemos. Dejamos el equipaje en el hotel, que aunque no se podía entrar hasta las 15:00h, nos dijeron que ya estaba limpia y podíamos pasar, así que genial. La habitación es la 316 del hotel Travelodge Princess Street, con una cama extra grande, una mesa de escritorio, una pantalla plana, un baño con bañera y una cama supletoria, que no la necesitábamos para nada pero que al parecer era algo así como una habitación familiar y era súper grande así que para nada nos molestaba ahí, no tiene vistas, da a un calle sin tránsito, lo que se agradece porque apenas se escucha nada. Salimos a comer, muy cerca está la famosa Rose street, que además nos quedaba de paso para ir a Dean Village, donde teníamos previsto ir hoy, así que entramos en un bar típico, Rose Street Brevery, donde nos pedimos un par de cañas, una tapa de champiñones con una salsa muy rica y brotes tiernos y el tradicional fish and chips. El bar estaba muy bien, la comida normal y el precio de la media de Reino Unido, la única pega por ponerle una, que hay que pedir en la barra, no atienden en mesa.

 

Primera vista de la ciudad desde Princess Street, al fondo, la Old Town.

Habitación en Travelodge Princess Street

Comida en el Rose Street Brevery. Recordar levantaros a pedir a la barra...

Hasta ahora había aguantado sin llover, aunque bastante viento, pero ahora había las dos cosas, lo que hacía imposible llevar el paraguas plegable abierto sin que le diera vuelta el aire, pero bueno, contra viento y marea, seguimos hasta el final de la calle y continuamos hasta llegar a Dean Village, un sitio retirado del centro que lo único que te transmite es tranquilidad. Pasemos al lado del río hasta llegar al mercado Stokbridge, donde había unos cuantos puestos de comida en la calle dentro de un recinto, apenas entramos porque hacía mucho viento y llovía, así que nos refugiados en el caffe Nero a tomar un par de capuchinos que nos alentaron el cuerpo. En cuanto vimos que pasó un poco el temporal, caminamos hasta Circus Lake, una preciosa calle en curva con casitas bajas que te traslada como si estuvieras en un pueblito totalmente alejado del centro de la ciudad. Subimos la empinada Howe street hasta bajar de nuevo al centro de las tiendas, la princess street. Ahora cruzamos hacia el otro lado de la ciudad, atajamos por el callejon “milnes court” hasta llegar a la famosa Royale mile, subimos hasta la plaza del Castillo, pasando al lado de la cámara oscura, que no nos llamo la atención lo suficiente para entrar, y bajamos como hasta la mitad de la calle para luego volver a buscar la empinada Victoria Street y hacernos la foto de rigor, la verdad que es una calle muy bonita y eso que con el dia que hacia no podia lucir todo su explendor. Podemos por detrás el castillo por donde buscamos un lugar donde picar algo para cenar, habíamos madrugada bastante y entre el viaje, el frío y caminar ya nos apetecía descansar. Nos decantamos por un mexicano, el Barburrito, y la verdad que no pudimos haber elegido mejor, no teníamos mucha hambre, más bien prácticamente nada pero no queríamos ir con la panza vacía a la cama así que un chico súper amable, creo que era andaluz por el acento, nos recomendó muy bien sin y pedimos un par de tapas para los dos, unas quesadillas, una especie de nachos con queso y un par de cañas. Estaba muy rico y genial de precio. Un 10 para la atención.

Así son las calles en Dean Village...da igual que tiempo haga que siempre nos va a gustar.

Cada domingo hay mercado en esta zona.

Esta es la pendiente que hay que subir para llegar a la Old Town.

Aprovechamos el atajo de este pasadizo...

Y llegamos a la famosa Royal Mile.

¿Quien no está deseando pisar Victoria Street en Edimburgo? De hoy no podía pasar...

Conociendo la Old Town y sus secretos

Segundo día en la ciudad y hoy hemos aprendido un montón se cosas. Hicimos el free Tour con los Sanselmans por la mañana y a parte de explicarnos un montón de historia de guerras, personajes importantes de Escocia que no son pocos y descubrir otros rincones del centro, nos llamaron la atención algunas de las cosas curiosas que tiene esta ciudad. Como por ejemplo, El emplazamiento de la ciudad es bastante curioso ya que se encuentra a un par de kilómetros del mar y entre siete u ocho colinas de origen volcánico. Que entre los principales acontecimientos, cabe destacar que los siglos XVI y XVII marcaron una de las épocas más tristes y lúgubres en la historia de Edimburgo, cuando la población fue afectada por las continuas luchas contra los ingleses y hubo de construirse una muralla que rodeara la ciudad con el objetivo de proteger la misma de posibles invasiones. La construcción de esta muralla supuso una limitación al crecimiento de la ciudad y obligó a los habitantes de Edimburgo a construir edificios con grandes dimensiones de altura, llegando a haber edificios de hasta doce plantas, e incluso construyendo casas de madera sobre otras ya edificadas. Estas condiciones, sumadas a la influencia de otros factores, llevaron a Edimburgo a transformarse en un lugar en el que residían miles de personas, sin condiciones higiénicas suficientes, plagas, pobreza, enfermedades contagiosas, incendios etc. Sin embargo, esto no supuso una disminución de la sociedad sino un aumento, llegando a contar con 50.000 personas en el siglo XVII.

Que hay dos zonas muy diferenciadas, la Old Town, la zona dentro de la muralla donde habitaban los pobres, donde la Royal Mile, y la New Town la zona llana donde se fue la alta sociedad a vivir, al otro lado del puente, cuya calle principal es la Princess Street. Que en Edimburgo sacio la figura del bombero, gracias a James Braidwood, que durante su época como aparejador comenzó interesarse por el comportamiento del fuego en el interior de los edificios que construía y también sobre el papel de las estructuras en los incendios, de manera que poco a poco fue recogiendo toda la información y tomó cierta fama como experto en esta materia. Que el Rey Guillermo II introdujo un impuesto sobre ventanas en Inglaterra, de modo que las familias pagaban a razón de las ventanas que tenían, haciendo así una forma fácil de saber las dimensiones de las viviendas, y por eso hoy vemos tantas ventanas tapiadas, porque o bien los propietarios las tapiaban para no pagar o el Ayuntamiento mandaba que las tapieran a los que no pagaban. Que en Escocia la muerte se trata con mucha naturalidad, que los cementerios se usan como parques de ocio y que puedes estar viviendo en una casa donde entre tus ventanas hay tumbas de personas, que cuando la peste, cuando había tantas personas acinadas, los entregaban uno encima de otro y hoy en día podemos ver las lápidas con los nombres uno sobre otro, siendo el primer nombre correspondiente con la persona abajo enterrada.

Que Bobby, un skye terrier, es el perro más querido de Edimburgo, fue fiel a su dueño, un policía llamado John Gray, tras su muerte de tuberculosis, lo visitó cada día en su tumba durante 14 años hasta su muerte. El caso es que en aquel entonces, todo perro que no tuviera un dueño que no le pagase la cartilla lo tenían que matar, así que se la pagó durante años el dueño del bar del mismo nombre hasta que se cansó y el Ayuntamiento se hizo cargo hasta su muerte, finalmente lo enterraron fuera del cementerio donde está enterrado su dueño porque no se podían enterrar animales dentro, pero si que tiene una lápida donde hoy en día aún le siguen dejando palitos por si despierta su alma, que pueda coger uno e ir a jugar junto a su dueño. Y muchas cosas más … Nos habían hablado mucho de ir oink, un restaurante donde preparan un gran cerdo, lo desmenuza y te lo sirven en un bocata con salsa así que fuimos hasta el que está al final de la Royal Mile junto al Parlamento. Aprovechamos antes para ver por fuera el Palacio de Holyrood y el Parlamento antes. Había que bajar ese llenazo así que aprovechamos que no llovía para cruzar al New Town y subir hasta Calton Hill, desde allí pudimos divisar la ciudad al completo. El tiempo poco dio tregua, nos tuvimos que bajar porque comenzaron a caer unas gotas acompañadas de bastante viento. Nos refugiados en el Museo Nacional de Escocia, visitamos las salas que nos dio tiempo en la planta primera, la entrada es gratuita y tiene bastantes temáticas, animales, espacio, ropas típicas.. así que no está mal para pasar un rato. Luego paseamos por la Princess Street y aprovechamos para mirar unas cuantas tiendas. El bocata nos había dejado bastante llenos así que no teníamos ganas de cenar pero si de tomar un par de cervezas, entramos en una de las cervecerias en Rose Street y de ahí para el hotel.

En este edificio se puede ver el sistema antirrobo de la época, como construían escaleras con diferentes alturas para que los ladrones tropezaran y se cayeran, produciendo un estruendo y permitiendo a los vecinos atraparles.

Al fondo en lo alto, el Castillo, y detrás, el mercado de ganado que hoy es una plaza llena de bares y restaurantes, hay uno, concretamente, el último trago se llama, y es que aquí se procedía a los ahorcamientos, en aquel entonces todo un espectáculo, y como los condenados estaban muy tensos y a veces la horca no hacía su trabajo, les concedieron un último deseo, el último trago de whiski, así de paso se relataban un poco.

En esta ciudad los cementerios se integran perfectamente, como se ve al fondo, las lápidas están pegadas a los edificios y algunos, como en este caso, son parques donde te puedes tomar un café.

Esta zona del parque-cementerio está precintada por el Ayuntamiento por las cosas paranormales que han pasado, solamente se usa para investigaciones por profesionales.

Bajamos la Royal Mile hasta el Parlamento y el Palacio de Holyrood.

En la misma calle, un poco más arriba, un sitio que supuestamente no puede faltar si se visita la ciudad (muy pesado para nuestro gusto) OINK

Para bajar los bocatas del OINK nada mejor que subir a Calton Hill. Fue diseñado para homenajear a los caídos en las Guerras Napoleónicas, pero nunca se vio terminado por la falta de fondos.

Aunque el ambicioso proyecto sólo consta de estas dice columnas, se puede percibir en él un aire grandioso al estilo de Parteón de Atenas. Aunque en un principio los ciudadanos le pusieron el nombre de "la vergüenza de Edimburgo", hoy en día se han convertido en unos restos muy apreciados.

Monumento al vicealmirante Nelson (vencedor de la batalla de Trafalgar)

En el interior del Museo Nacional de Escocia.

A la izquierda, la pequeña escultura de poppy a tamaño real, y a la izquierda el bar con el mismo nombre.

Nuestro tercer día en esta ciudad ha comenzado con el Tour del Castillo a las 9:45 de la mañana en la Royal Mile, nos tocó una chica, Marta de Santander, que nos explicó más guerras y sucesiones de Escocia. Otra vez la morfología de la ciudad, que es una ciudad con 7 colinas, la más importante de ellas la roca donde se asentó el Castillo, que todas ellas son volcanes extinguidos, pero en su día el volcán erupción dejando la lava en su camino formando lo que es hoy la Royal Mile y dos grandes colinas a ambos lados, a lo que se llama la raspa de pescado de Edimburgo, donde la Cabeza es la colida del Castillo, la cola la abadía de Hollyrood y las espinas las callejuelas paralelas a la vía principal. Nos contó la asombrosa historia de la piedra del destino, la cual pudimos ver junto a las joyas de la corona en el Palacio Real dentro del recinto del Castillo. La "Piedra del Destino", "Piedra de Scone" o "Piedra de la Coronación" se empleaba en las ceremonias de coronación de los reyes escoceses durante la Edad Media. Después de varios avatares y de la disputa entre Inglaterra y Escocia por esta piedra, en 1996 el Gobierno Británico decidió devolver la Piedra a Escocia, con la condición de que retornara a Londres para su uso en futuras coronaciones. No obstante, según cuenta la leyenda, la verdadera piedra fue cambiada por una falsificación y se desconoce dónde se halla la auténtica.A lo largo de los siglos el castillo se ha utilizado como residencia real, prisión y guarnición del ejército. Es el castillo más importante de Escocia y ha estado en el centro de numerosas guerras, después de haber sido atacada y sitiada muchas veces, unas 26 veces creo recordar. Ahora es Monumento Nacional, museo y una atracción turística de primer orden: el Castillo de Edimburgo es la atracción de pago más visitada en Escocia. Cada día a la una del mediodía se escucha el disparo del cañón de la Segunda Guerra Mundial, el One O’Clock Gun. En sus inicios, este disparo indicaba la hora a los marineros y a la gente del pueblo, con el fin de que pudieran sincronizar sus relojes. Durante 26 años, el arma fue disparada por un hombre apodado 'Tam el Gun' hasta que murió en 2005. En el Castillo de Escocia se han dado casos de espionaje de Estado, sin tener que recurrir a los micrófonos ocultos. En el Gran Salón hay una pequeña ventana alta sobre la chimenea conocida como "Lord's ear", "las orejas del rey", desde donde el señor espiaba lo que se decía en importantes reuniones cuando él se ausentaba. Cuando el mandatario ruso Gorbachov planeaba su visita al castillo para una conferencia en 1984, la seguridad nacional soviética insistió en que este agujero se tapiara. Y un montón de curiosidades más. Después de la historia necesitábamos tomar algo caliente, el viento y el frío no había dado tregua, tanto que nos cerraron hasta la sala donde estaba el Museo de las armas. Después del café, vimos que ya habían abierto la sala, así que aprovechamos que aún faltaba media hora para el cañonazo para entrar a verla, un montón de armamento de la época está expuesto allí. Luego contemplamos el cañón junto con toda la gente que había allí visitando, de nuevo a la intemperie, el Castillo está situado muy algo y azota el viento que te mueres. Nos quedaba el salón real, el Palacio Real donde están guardadas las joyas, la capilla monumento a los caídos en las batallas, los calabozos ( a mi fue lo que más me gusto) y la pequeña capilla en honor a Margarita. Después disfrutamos de las vistas desde allí arriba y sobre las 3 de la tarde fuimos a comer a un bar restaurante, el Castor Arms, desde la ventana podíamos ver la calle de abajo que era la vistoria street. Pedimos un par de cervezas, una sopa y un plato del haggys, nos habían dicho que eran una especie de albóndigas con un huevo cocido dentro pero en este caso no fue así aunque estaba bueno igual, era una especia de carne picada especiada cocina y un pote de patata sobre ella haciendo una especie de tarta acompañado de unas zanahorias y unos guisantes cocidos. Por la tarde caminamos hasta la zona del puerto donde vimos el yate de la Reina atracado, creo que se podía visitar, pero solamente parecía poderse desde dentro del centro comercial. Dimos una vuelta y de nuevo volvimos al centro, tardamos unos tres cuartos de hora en volver. Luego nos tomamos unas cervezas en un bar que curiosamente nos las dieron aprobar para que eligieramos la que más nos gustase, ya nos lo había comentado Ana, la del Tour de ayer pero hasta ese momento no lo habíamos visto.

Camino del puerto...nos encontramos con rincones tan bonitos como este.

Vistas desde uno de los agujeros de los cañones desde una de las terrazas del Castillo.

Subiendo al Castillo, atrás, el comienzo de la Royal Mile.

Así eran los calabozos dentro del Castillo.

Dentro del salón Real, el secreto de quien me ha acompañado está vez, mi madre.

Camino del puerto nos encontramos con rincones tan bonitos como este.

Ahí estaba el Yate de la Reina.

Y unas cañas para terminar el día, recordar, en Edimburgo se puede probar la cerveza antes de pedirla.

El cuarto y último día en esta ciudad nos ha amanecido con un sol radiante. Hoy nos íbamos a ir a visitar un pueblo cercano, como a media hora, Stirling, pero con esta luz, no nos queríamos perder el paisaje de la ciudad, así que decidimos quedarnos. En realidad ya la habíamos recorrido por completo, pero no era lo mismo verla con viento, lluvia y nubes que con el cielo azul. Comenzamos por Dean village, el primer sitio que visitamos en cuanto llegamos a la ciudad, me moría de ganas de verlo de nuevo. Nos encontramos con un señor que tenía una i de información colgada del cuello, acompañado de un perrito blanco, nos llegó por unos jardines privados hasta llegar a unas escaleras que desembocaban en una preciosa cascada.

Casas cerca de Dean Village

Cascada en el rio Leith

Hicimos el mismo recorrido del primer día, pero esta vez fuimos por el barrio de Strockbridge, Stephen Street es una de las calles más concurridas de este barrio de moda. Está salpicada de pequeños restaurantes y locales, algunos anticuarios y librerías tan exquisitas como Golden Hare Books. Sí, éste es el paraíso para los amantes de las buenas historias, de la calidad literaria. Su impulsor, Mark Jones, historiador del arte vinculado a diversos museos y festivales, supo ver el potencial de la zona y trasladó el negocio a Stockbrigde. Y es que su ubicación original, de 2012 a 2014, estuvo en la parte antigua, en la popular área de Grassmarket. Aman los libros porque son objetos bellos y porque nos definen como personas. De ahí que ellos promuevan multitud de actividades para adultos y niños. Y cada día los libreros que allí trabajan, por ejemplo, Julie Danskin y Annie Rutherford, ofrecen nuevas razones a los clientes para abandonarse a ese placer llamado lectura. En las estanterías de Golden Hare Books se encuentran, cómo no, las últimas novedades en literatura, ensayo, gastronomía o viajes. Pero quienes están detrás del negocio tienen un olfato especial para quedarse con unos títulos y rechazar otros. Sin duda, algo a tener en cuenta hoy que la producción editorial se ha convertido en otra fabricación masiva. Una más. Decidimos perdernos, recorrer sin prisa otras calles, algunas muy pequeñas, sin apenas transeúntes ni tráfico. Entre otras, Circus Lane, Gloucester Lane y Doune Terrace. En algunas de ellas se encuentran mews, es decir, un tipo de construcción muy popular en los siglos XVII y XVIII, que fue levantado en la parte de atrás de las viviendas de las familias acaudaladas y que eran las caballerizas. En el piso de arriba, vivían los trabajadores. Con el paso del tiempo, cuando dejaron de cumplir su función, algunas de ellas fueron derribadas, pero otras muchas se transformaron en pequeñas viviendas de inspiración rural. Por su ubicación, el precio aumentó considerablemente. Resulta encantador caminar por el empedrado e imaginar cómo sería residir en una de esas casitas, dentro de una ciudad, es decir, con una interesante oferta apenas a unos pasos de distancia. Ah, y el mar también al lado. En Dundas Street se descubre esa oferta de la que hablábamos. Es decir, más cafés, galerías, anticuarios y tiendas como Epitome. En ella encontramos diversas firmas internacionales de moda y complementos para él y para ella. Es una dirección para quienes poseen un estilo propio, y saben qué marcas van más allá de las tendencias. En sus orígenes, Stockbridge fue un pueblo que, con la llegada del siglo XIX, se incorporó a Edimburgo. Pero algo queda de aquel espíritu de pequeña comunidad. Siguiendo el curso del río, es decir, el paseo conocido como Water of Leith Walkway, un regalo con el sonido y la vida del agua y de los pájaros, de la naturaleza, en definitiva, se llega a otro lugar absolutamente encantador: Dean Village. Fue una aldea fundada en el siglo XII por los frailes de la Abadía de Holyrood. A lo largo de la historia, se levantaron diversas fábricas que encontraban en la energía hidráulica su principal motor. Después se convirtió en una zona deprimida, pero hoy se ha transformado en un auténtico oasis, frecuentado por muchos paseantes, y en una codiciada área residencial.

Continuamos por la calle de Queen Street que se llamó así en honor a la mujer de George III y Princes Street, hoy día una de las más conocidas dentro de la ciudad por ser el centro neurálgico del “shopping” en Edimburgo. 

Luego bajamos a Princess Street y cruzamos por el parque lleno de gente que disfrutaba del tiempo. Y de nuevo vimos el Monumento a Walter Scott, delante de los almacenes Jenners y en las proximidades de la estación de ferrocarriles de Waverley. Dispone de una escalera de caracol interna que permite acceder a los diversos pisos del edificio, desde los que se puede divisar la ciudad y alrededores.

Cruzamos el Puente hacia la Old Town, la verdad que el tiempo era excepcional y se veia de otra forma todo. Caminamos por la Royal Mile, subimos para ver el Castillo también desde fuera, por supuesto no ibamos a pagar otra vez la entrada, y terminamos en la plaza del mercado comiendo en un italiano que no estaba mal.

Monumento a Walter Scott