Primer día en San Francisco.

Esta vez teníamos el desayuno en el hotel, no terminó siendo tan malo, al final nos hicimos hasta un cofre en una de las gofreras que tenían en el buffet y el café se podía tomar. Salimos en dirección San Francisco, atrás quedó ya La Merced para siempre, es del único sitio que teníamos ganas de irnos, y menos mal que solamente habíamos reservado una noche porque otros chicos, que no pudieron visitar tampoco Yosemite y tenían dos noches, me temo que allí seguían. Tras cruzar el inmenso puente, desde Oackland, el Oackland Bay Bridge, ya flipamos porque estábamos cruzando por uno de esos puentes que se ven en las pelis de dos pisos, por el de arriba pasábamos para entrar a la ciudad y por el de abajo todos los carriles eran para salir, allí estaba la grande, San Francisco, esa gran ciudad con la que soñamos todos tantas veces, por encime de nosotros, como en el cielo, asomaban los rascacios de la downtown, increíble. Seguimos hasta llegar al barrio de Castro, todavía no era la hora de entrar al hotel, así que aprovechamos ese tiempo para caminar por sus calles, cruzamos por sus pasos de peatones pintados con los colores del arco iris, nos nutrimos de ese buen rollo que allí se respira y entramos en una de esas cafeterías tan típicas con los asientos de cuero rojos y letreros de neón a tomar un par de esos cafes gigantes que te ponen en esos vasos de plástico para llevar, estuvimos un rato, no tenía ningún desperdicio ese lugar, lo analicé como si de una radiografía se tratara, pero pronto salimos para continuar nuestro recorrido, nos adentramos en las calles cuestas hasta llegar de nuevo a la plaza. Teníamos el coche aparcado en la mitad de Castro street, nos montamos y Carlos condujo hasta el Cable Car Hotel, que sería nuestro apartamento en las siguientes tres noches. Aparcamos de nuevo en la avenida del hotel, en un centro comercial que hay justo enfrente, solamente se puede si vas a comprar pero nosotros hicimos la vista gorda mientras bajábamos el equipaje. Le preguntamos al recepcionista del hotel y nos miró raro cuándo le comentamos que dejaríamos el coche aparcado durante nuestra estancia, luego nos dimos cuenta que las distancias eran enormes para prescindir del coche, además como muy poco nos cobrarían 35$ por día en cualquier parking cercano. Al final lo dejamos aparcado al lado del hotel en uno de esos estacionamientos que solamente se puede aparcar dos horas. Aprovechamos ese tiempo para bajar hasta el barrio chino, en menos de 10 minutos caminado estábamos en Chinatown, el mayor de EEUU. Por la calle que bajábamos la puerta nos quedaba en la calle de la derecha por lo que retrocedimos para entrar por ella y ya recorrer toda la calle de atrás adelante. Una calle llena de tiendas de souvenirs, de restaurantes, un sitio perfecto para comprarse un recuerdo, o la típica sudadera que por el frio de la ciudad lleva todo el mundo puesta con el logo de San Francisco o Alcatraz, nosotros no la compramos porque el sol que hacía camuflaba el frío y luego nos dimos cuenta que fue un error ya que en otros establecimientos el precio se disparaba. Bajamos unas calles, igualmente del barrio chino, todo igual, salvo que en la principal además tiene farolillos, hasta que llegamos hasta el barrio italiano, entre sus calles pudimos ver casi al lado nuestro el famoso edificio Pirámide Transamerica, el rascacielos más alto de San Francisco, con la que no pudo faltar un par de fotos. De nuevo volvimos a subir porque nos pareció más temático el otro barrio y entramos en un restaurante chino para comer, Begoni, ese es su nombre, un sitio en el que todo el tiempo estaban limpiando y la comida estuvo exquisita además de muy abundante, nos pedidos unos nudels con verduras y pollo y una especie de gambas rebozadas con arroz que estaban buenísimas, salimos sin casi poder caminar, pero nos tuvimos que enfrentar a las cuestas de la ciudad para llegar al coche y molerlo de sitio. Aprovechamos que ya que lo teníamos que cambiar para ir a visitar el famoso parque Alamo Square y ver las todavía más famosas Painting Ladies, desde allí además pudimos ver los tejados de toda ciudad y otra vez apreciar la magnitud de sus calles. Desde aquí, otra vez en el coche, hasta Lombard Street. Realmente íbamos en dirección al Pier 39 pero nos detuvimos al ver tanta gente grabando y sacando fotos a los coches que bajaban por el tramo serpenteante entre Russian Hill y Hyde Street. Nos bajamos y subimos por la acera hasta arriba buscando el mejor ángulo para la foto pero la verdad que no logramos ningunea, el sitio también muy mítico, imposible de prescindir de él si se visita esta ciudad. Seguimos nuestra ruta hasta el Fishernmans Wharf, un barrio que además es otra popular atracción turística de la ciudad, en la costa norte, desde Ghirardelli Square a Van Ness Avenue, muy conocida por el Pier 39, el Parque Marítimo Histórico Nacional, el Centro Comercial Cannery, Ghirardelli Square, el Museo de Cera, Forbes Island y varios restaurantes y puestos que ofrecen marisco fresco, sobre todo es famoso el cangrejo y la sopa de almejas dentro de un pan. Nosotros nos pedimos por el paseo, entramos en un pavellón donde había videojuegos de época donde nos pasamos un buen rato. Continuamos por el paseo hasta donde los leones marinos en libertad, disfrutamos de las disputas que tenían para salvaguardar su puesto, peleas aparentemente amistosas para ver quien subia a la plataforma y quien se caía, nos hachemos unas risas, es muy bonito ver como esos animales pueden hacer lo que les viene en gana y sin que nadie les ordene, habiten tan cerca de la humanidad. Luego nos metimos por las calles del centro comercial, al aire libre, con un ambiente muy guay. De nuevo de vuelta, entramos a cenar en un italiano, justo en frente de la tienda donde inevitablemente nos tuvimos que comprar un par de sudaderas, estábamos muertas de frío. De nuevo, alucinamos con la cantidad que piden los estadounidenses, nosotros nos pedimos un plato que era gigante para cada uno y casi salimos rodando, mientras que dos de las mesas que nos fijamos habían pedido muchísimo más.

La primera toma de contacto con San Francisco fue el barrio de Castro.

Segundo día ...

01/08/2018 Hoy nos despertamos con la neblina típica de San Francisco, nuestra idea era ir hasta Sausolito y luego ver el Golden Gate aunque poco íbamos a verlo porque estaba todo cubierto. Así y todo fuimos hasta Sausolito y cruzamos el Golden Gate con una niebla que no se veía nada como pensábamos pero nada más llegar a Sausolito el cielo estaba totalmente despejado, tanto que hasta nos quemamos toda la cara. Aparcamos donde termina el zigzag de carretera y llegas a la carretera principal, caminamos por todo el puerto pero ni rastro de casas flotantes, hasta que le preguntamos a unos obreros que nos indicaron. Por fin habíamos dado con ellas, pero antes entramos a tomar un capuchino en un bar, caminamos un poco más y voala! Las casas barco. Anduvimos un par de embarcaderos pero ya era la hora de quitar el coche del aparcamiento donde lo habíamos dejado, que como en casi todos los sitios solamente se podía dejar dos horas. De nuevo caminamos para recogerlo por la carretera principal sin meternos por el puerto y nos volvimos a acercar hasta los barcos casa para disfrutar de nuevo de esa maravilla y además aprovechar el buen tiempo, ya que a ambos lados podíamos ver aún la niebla. Luego salimos para cruzar de nuevo al lado se San Francisco pero antes paramos en el mirador sin suerte porque seguía con la niebla, así Y todo aparcamos y cruzamos por debajo del puente a verlo y probar a sacar unas fotos sin éxito. Otra vez en el coche cruzamos el puente y fuimos al barrio de Haigh Ashbury donde estuvimos un rato paseando alucinando con la gente y las tiendas tan diferentes que había, desde ropa de segunda mano, una tienda todo de calcetines gigante, otra tienda con las martens de todas las formas y colores... Entramos en el restaurante 1428 Haight después de pasar las famosas piernas saliendo por la ventana, nos atendió un mexicano muy majo, pedimos tallarines con pollo, una hamburguesa y un par de cervezas locales que estaban muy buenas pero cuando nos pusimos a salir casi que estábamos borrachos. Hoy estábamos agotados así que pensamos que sería buena idea ir a descansar un poco al hotel. Como en una hora volvimos a salir y ya estaba despejado así que retomamos la idea de ir a ver el Golden Gate, fuimos hasta la Baker beach desde donde nos sacamos la famosa foto con el puente y disfrutamos del atardecer. Antes de que cayera el sol subimos hasta Twin Picks desde donde pudimos la inmensidad de la ciudad de San Francisco al completo, eso si, poco tiempo estuvimos porque el viento traía las nubes súper rápido. Bajamos hasta Mission street pero no paramos porque ya estaba oscureciendo y la mendicidad había aflorado en el barrio, lo mismo pasaba con japantown ni un alma, así que fuimos a aparcar donde el hotel y ahí la desesperación porque no éramos capaces de encontrar un sitio, tanto, que estuvimos más de una hora intentándolo, compramos un poco de fiambre y pan en el supermercado frente al hotel y después de otras intentonas logramos aparcar una calle más abajo.

Palacio de Bellas artes

Desde la cima de San Francisco en las Twin Peacks

Nos han encantado estas vistas del Golden Gate desde Baker Beach.

Tercer día ...

02/08/2018 Hoy nuestra idea era visitar Carmel, así que nos montamos en el Mustang y para allá que nos fuimos, para variar madrugamos, con lo que creo que nos evitamos bastantes colas y en dos horas y poco estábamos en Carmel-by-the-Sea, una ciudad en el condado de Monterrey. Cuándo nos planteamos el viaje, la primera opción era por la costa, por lo que descubrimos que existía esta maravilla de lugar y al hacer la ruta por el interior finalmente visitando los Parques Nacionales, decidimos que si fuera posible en nuestros días dedicados a San Francisco, nos gustaba poder visitarla y así fue, aquí estábamos. Nos ceñimos a caminar y ver muchas de sus casas, a la entrada había un mercado con unos cuantos puestos de comida ecológica, y en la calle principal muchas tiendas de gourmet, restaurantes, tiendas de ropa carísima y varias galerías de arte, vamos, que se palpaba el nivel. Entramos en una pastelería que tenía el escaparate lleno de dulces muy apetecibles, nos sentamos en una mesa dentro a tomar un par de cafés para acompañar los ricos pasteles. Continuamos hasta la playa, desde la que se puede ver el campo de golf más vip de todo EEUU, estuvimos un rato, dándole de comer a las ardillas y viendo más casas. De la que bajábamos del coche, que lo aparcamos donde terminaba la zona de pago, la verdad que merece la pena porque con solamente una calle de diferencia permiten aparcar nada más que dos horas pagando y donde nosotros lo hemos dejado, lo podíamos aparcar el tiempo que quisieramos y gratis, estaba poco más arriba del cuartel de la policía. Como iba diciendo...de la que bajábamos caminado nos llamó la atención un restaurante que tenía una terraza con mesas alrededor de una hoguera fue muy curioso y tenía una pinta estupenda, de manera que subimos para comer en él. Nos pusieron justo en la mesa alta de la esquina de la terraza por lo que tuvimos unas vistas privilegiadas, el ambiente era muy acogedor. No hacía nada de calor , a pesar que nos quedamos en manga gracias a que el sol se dejó ver y el fuego se agradecía. Nos pedimos salmón y una hamburguesa gourmet, todo buenísimo. 

carm

Las preciosas casas de Carmel by the Sea

Por la tarde, cuándo llegamos a San Francisco, bajamos hasta el Distrito Financiero en el famoso cable car, donde nos partimos de la risa por no llorar porque el cable car pasaba por delante de nuestro hotel, entonces como nuestra intención era bajar pensábamos cogerlo de camino, pero resultó que tuvimos que pagar dos veces puesto que subimos en el que iba en dirección contraria, llegamos a la parada al principio y de nuevo bajamos, cuándo el señor nos viene a cobrar otra vez y le decimos que ya habíamos pagado, nos insistió en que solamente es un trayecto en una dirección, así que pagamos otros 7$ cada uno religiosamente. Abajo, nos sentimos muy pequeños bajo esos rascacielos de Market Street, era casi imposible sacar una foto donde se reflejara la magnitud de los edificios. Al final de la calle nos empotramos contra el puerto, entramos para ver el puente de dos pisos que tanto nos gustó de la que entramos a la ciudad y luego recorrimos todo el paseo hasta el Fishernmans Wharf, donde esperamos cola para cenar en el Bubba Gump.

Último día en la ciudad

03/08/2018. Hoy ya era nuestra despedida de esta gran ciudad, el vuelo no salía hasta las 18:30h así que lo queríamos exprimir al máximo. Ya con las maletas en el coche, fuimos hasta Japantown, a su calle principal, Post Street, entramos en el centro comercial todo con la temática japonesa como no, en concreto nos detuvimos en las tiendas de cubiertos y platos que eran una pasada y en las de los kimonos, además nos llamó la atención el silencio y como se comían esas bolas que echan humo, un sitio muy peculiar. Fuera del centro comercial, lo más llamativo es el Peace Pagoda, una pagoda de hormigón de cinco plantas diseñada por el arquitecto Yoshiro Taniguchi y presentada a la ciudad por los ciudadanos de Osaka, y la puerta de un templo de la montaña que forma la entrada a la pintoresca calle de casas de estilo japonés. Es curioso saber que a lo largo de los años se fueron sucediendo los movimientos antijaponeses con todo tipo de agresiones hasta que, finalmente, en el año 1942, el presidente Roosevelt firmó una orden ejecutiva que expulsa a “todas las personas de ascendencia japonesa, incluidos los extranjeros y no extranjeros”. Fueron muchos los momentos de la historio en los que fueron tratados con mucha crueldad, a pesar de que en el año 1906 un gran terremoto destruyó San Francisco y el gobierno japonés donó 246.000$ para su reconstrucción. Hoy en día este barrio es el más grande y antiguo de EEUU. Luego fuimos a visitar el Jardín Japonés Hagiwara en el Golden Gate Park, son preciosos, muy cuidados, eso si pagamos 9$ cada uno por entrar que al fin y al cabo no se muy bien si merece la pena porque el parque tiene tantos rincones bonitos que es una pena no tener más tiempo para alquilar una bici y recorrerlo.

Jardines japoneses